viernes, 6 de abril de 2007

Más sobre el tiempo y las trampas del discurso

DAMIÁN, HACÉ TAL COSA YA. Expresión hija de la diacronía que merece ser puesta bajo la lupa de la sospecha ya. En primer lugar, observamos la prepotencia semántica con que el término ya nos es impuesto, pretendiendo desarticularse de toda materialidad y, en última -o primera- instancia, de la temporalidad misma: ¿quién nos asegura que el "ya" de la enunciación no es el "tarde" del mundo? Luego nos reprochamos nuestra candidez, advirtiendo la fragilidad de un marcador temporal que no cesa de vomitar toda su temporalidad, de una palabra que apenas quiere salir de sí misma ya se está suicidando; comprendemos satisfechos que ya, bajo su máscara de omnipotencia y despotismo, esconde una pobre y dudosa deixis. Dicen que todo narrador está preso de su discurso. Gran cosa. También el tiempo está preso entre dos granos de arena.

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