domingo, 8 de abril de 2007

Al principio de las letras -como en todo- estaba el caos. Verdaderas orgías de letras, letras sin alfabeto, letras en combinaciones extrañísimas. Había desde luego letras que ni podemos sospechar y que hoy nos parecerían absurdas. Hasta que un día alguien decidió que había que terminar con todo eso y no se le ocurrió mejor idea que prohibir el incesto, y así comenzó la tiranía de las lenguas, con todos sus templos, protocolos y ceremonias, no menos absurdos por cierto.

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