Estoy en la cocina. Siento el irresistible deseo de comer una manzana, y aunque hay manzanas en la heladera, por algún motivo no las puedo probar. En eso, aparece el verdulero de enfrente -no sin cierto aspecto de demonio del altiplano- con una apetitosa y grande manzana en la mano, la cual me ofrece a cambio de alguna otra fruta u hortaliza de su interés; inmediatamente lo tiento con una naranja, pero no se lo ve para nada convencido; me dirijo hacia un canasto en el fondo de la cocina, tomo dos batatas, y cuando me ve volver con éstas, recobra el fulgor de sus ojos, a la vista de lo cual lo invito a elegir una. El verdulero no termina de decidirse y yo ya me imagino saboreando mi manzana, pero he aquí que llega mamá y se pone a hablarle del deterioro de la educación y nosequecosa y me quedo sin poder concretar el trueque.
viernes, 4 de mayo de 2007
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario